Archives
You are currently viewing archive for February 2008
Posted By Kathi Macias
…siguiendo (diciendo) la verdad en amor, [crezcamos] en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. (Efesios 4:15 RV)
 
            Hace poco estuve involucrada en una discusión muy animada  “online” referente a la relación entre agente/cliente. Algunas de las respuestas estaban sobre todo el mapa, pero la mayoría estaban centralizadas sobre reglas básicas de relación, que pueden resumirse de ésta manera: Se honesto y abierto, sin engaños, en gracia con lo que dices y lo que haces.
            ¿No es eso lo básico en una vida Cristiana con éxito? Por supuesto que primero debemos de haber vuelto a nacer, porque obviamente no podemos vivir una vida Cristiana si no somos Cristianos. Sin embargo, el haber nacido en la familia de Dios es el punto para empezar. Después de eso, como criaturas que nacemos en una familia natural, debemos de crecer. 
            Efesios 4:15 nos da una directiva clara de cómo crecer espiritualmente – “siguiendo (diciendo) la verdad con amor.”  Como seres humanos nosotros tenemos la tendencia de irnos como péndula de un lugar a otro. Si nuestro enfoque presente es decir la verdad, es muy probable que hagamos mucho daño con la lengua, usando la excusa de que “la honestidad es la mejor póliza” y simplemente estábamos “diciendo las cosas tal como son.” Y sí, la honestidad es la mejor póliza, puesto que el engaño no logra nada positivo en la vida de nadie. Sin embargo, Efesios 4:15 nos advierte templar nuestra forma de decir la verdad con amor; porque de no ser así, complicamos el problema. Al mismo tiempo, si estamos al otro lado de la péndula, enfocándonos en el amor y omitiendo la verdad, no le hacemos ningún favor a nadie, porque estamos simplemente animando y perdonando vidas destructivas y pecaminosas bajo la excusa de que no queremos ofender a nadie.
            Así es que ¿como podemos decir la verdad honestamente para que todos puedan llegar la “madurez” como ministros de reconciliación, como Dios nos ha llamado a ser? Después de todo,  el amor es para los demás o hacer cosas buenas para ellos. También es no hacer o decir cosas a los demás que los puede ofender o lastimar. Muchas veces decir la verdad en amor involucra decir palabras que ofenden y dañan porque amar a alguien significa hacer lo que es mejor para ellos. Son los limites territoriales los que hacen la diferencia – aprendiendo a “pintar entre las líneas” de la Verdad de Dios lo que define si nuestras palabras son dichas con amor o no. 
            Dios es amor, por lo tanto toda palabra que Él dice la dice con amor. Pero si tú lees y estudias la Biblia regularmente, sabes muy bien que no toda palabra o frase o pasaje evocan palabras calidas que nos alientan y nos hacen sentir bien emocionalmente. Dios nos amó tanto que nos mandó a Su único Hijo a morir por nosotros para que nosotros nos podamos reunir con Él y pasar toda la eternidad en el cielo. Sin embargo, Él también nos ama tanto que Él nos dice la verdad y nos recuerda que si no nos arrepentimos de de nuestros pecados – queriendo decir que ya nosotros no continuemos buscando nuestros propios caminos pero más bien, como el hijo prodigo, demos la vuelta y nos regresemos hacia el Padre, aceptando a Su Hijo como el único proveedor del perdón y la restauración -   no podemos tener una relación con Dios pero mas bien, pasáremos toda una eternidad separados de Él. 
            Finalmente, las palabras de verdad que nosotros decimos deben de ir envueltas en la clase de amor que dice, “me importa tu verdadera relación con Dios y tú eterno destino, lo mismo que tus relaciones aquí en la tierra. Como resultado, mis palabras son dichas para ayudarte a entender lo que lo que Dios dice es la única forma de restaurar esas relaciones – primero con Dios y después con los demás.”
            Cuando ese propósito se convierte en nuestro enfoque y motivación para todo lo que decimos y hacemos, nosotros estaremos verdaderamente diciendo la verdad con amor y seremos “hijos e hijas ya crecidos” de nuestro Padre Celestial.    
 
 
Posted By Kathi Macias
…speaking the truth in love, [that we] may grow up in all things into Him…. (Eph. 4:15)
 
            I was recently involved in a lively online discussion regarding agent/client relationships. A few of the responses were all over the map, but most centered on some very basic relational rules, which can be summed up this way: Be honest and aboveboard, gracious in word and deed.
            Isn’t that the basis of a successful Christian life? Certainly we must first be born again, or we quite obviously can’t live the Christian life because we aren’t Christians. However, being born into God’s family is the starting point. After that we, like babies born into a natural family, must grow up.
            Ephesians 4:15 gives us a clear directive on how to grow up spiritually—by “speaking the truth in love.” We human beings have a tendency to swing from one side of a pendulum to the other. If our current focus is on speaking the truth, we are likely to do some serious damage with our tongue, using the excuse that “honesty is the best policy” and we were just “telling it like it is.” And yes, honesty really is the best policy, since deception accomplishes nothing positive in anyone’s life. However, Ephesians 4:15 admonishes us to temper our speaking of truth with love; if we don’t, we only compound the problem. At the same time, if we are on the other side of the pendulum, focusing on love and omitting truth, we do no one any favors, as we are simply encouraging and condoning sinful and destructive lifestyles under the guise that we don’t want to offend anyone.
            So how do we effectively speak the truth in love so that we can become the “grown up” ministers of reconciliation that God has called us to be? After all, love is certainly more than an emotion, isn’t it? It’s far more than having warm, fuzzy feelings for others or doing nice things for them. It is also more than not doing or saying things to them that might be offensive or hurtful. Sometimes speaking the truth in love involves words that offend and hurt because loving someone means doing what’s best for them. It’s the boundaries that make the difference—learning to “color inside the lines” of God’s Truth that defines whether or not our words are truly spoken in love.
            God is Love, so therefore every word He speaks is spoken in love. But if you regularly read and study the Bible, you know that not every word or phrase or passage evokes warm, fuzzy, feel-good emotions. God loves us so much that He sent His only Son to die for us so that we could be reunited with Him and spend eternity in heaven. However, He also loves us so much that He speaks the truth to us and warns that if we don’t repent of our sins—meaning that we no longer continue to pursue our own way but instead, like the prodigal son, turn around and walk back toward the Father, accepting His Son as the only provision for forgiveness and restoration—we cannot have a relationship with God but will, instead, spend eternity separated from Him.
            Ultimately, the words of truth that we speak must be wrapped in the kind of love that says, “I care about your relationship with God and your eternal destiny, as well as your relationships here on earth. As a result, my words are spoken to help you understand what God says is the only way to have those relationships restored—first with God and then with others.”
            When that purpose becomes our focus and motivation for all we say and do, we will truly be speaking the truth in love and “growing up” as sons and daughters of our heavenly Father.
 
Posted By Kathi Macias
“Porque ¿Que aprovechará al hombre si ganare todo el mundo,
y perdiere su alma? ” (San Marcos 8:36)
 
 
            No hay nada mejor que una visita al cementerio para poner nuestras vidas en perspectiva. Vivimos en un mundo donde “todo se trata de mi,” y aun siendo creyentes, es muy fácil caer en esa mentalidad y sentirse abrumado con la urgencia de llenar todo lo que yo quiero, yo necesito, mis sentimientos, mis deseos.
            El materialismo depende precisamente de esa urgencia; la publicidad apoya esto. Si simplemente pudiéramos ganar la lotería, escribir aquel libro de gran éxito, comprar una casa más grande, un coche más lujoso, ropa de diseñadores, seriamos más felices, más realizados, más satisfechos. Y, por supuesto, ¡Serviríamos a Dios con todo el corazón!
            La verdad es, que esa mentalidad… bueno, simplemente no es real. Si no estamos sirviendo a Dios con gozo y con todo nuestro corazón a donde estamos hoy y con lo que tenemos ahora, no lo haríamos con todo el dinero que podríamos heredar mañana. Si dudamos ésta declaración, es tiempo de hacer una visita al cementerio.
            Los cementerios están llenos con personas que fueron indispensables, personas cuyas vidas fueron alguna vez muy significativas para alguien aquí en la tierra. Pero cuando tomaron su ultimo respiro y fueron bajados en la tierra, ¿Dejó el mundo de dar vuelta? ¿No? Entonces podemos asumir que tampoco dejará de dar vuelta cuando nosotros tomemos el último suspiro.
            Así es que, ¿Qué es lo que nosotros podemos asumir haciendo esa visita al cementerio? Podemos dar prioridad a lo que vamos a hacer hoy – y que bien lo hacemos – haciéndonos una pregunta: ¿Qué es lo que esas personas que una vez fueron indispensables se llevaron con ellos, y que es lo que ellos dejaron?
            Contestemos con sabiduría mis queridos hermanos – y vivamos de acuerdo a ello.
 
Posted By Kathi Macias
“For what will it profit a man if he gains the whole world,
and loses his own soul?” (Mark 8:36)
 
            There is nothing like a trip to a cemetery to put our temporal lives in perspective. We live in an “it’s all about me” world, and even as believers, it’s easier than not to get caught up in that faulty mindset and quickly become overwhelmed with the urgency to fulfill my wants, my needs, my feelings, my desires.
            Materialism depends upon just such an urgency; advertising appeals to it. If we could just win the lottery, write that bestseller, buy that bigger house, that fancier car, those name-brand clothes, we’d be happier, more fulfilled, more satisfied. And, of course, we’d serve God more wholeheartedly!
            The truth is, such a mindset is…well, just not true. If we aren’t joyously and wholeheartedly serving God where we are today with what we have right now, we wouldn’t do it if we inherited all the money in the world tomorrow. If we doubt that statement, it’s time for a trip to the cemetery.
            Graveyards are filled with once-indispensable people, people whose lives meant something to someone at some time here on earth. But when they breathed their last and were lowered into the ground, did the world stop spinning? No? Then it’s a safe assumption it won’t stop spinning when we breathe our last either.
            So what can we accomplish by making that trip to the cemetery? We can prioritize what we do today—and how well we do it—by asking ourselves this question: What did those once-indispensable people take with them, and what did they leave behind?
            May we answer wisely, beloved—and live accordingly.
 
Posted By Kathi Macias
Porque de tal manera amó Dios al mundo… que ha dado…
 (San Juan 3:16).
 
            El 14 de Febrero se conoce como “el día de los enamorados,” y con mucha razón. Más que cualquier otro día del año, nos mandamos tarjetas, flores, dulces, y otras expresiones de afecto a aquellos a quienes decimos amar. De alguna forma reconocemos que amar significa dar. 
            Y nadie lo hace mejor que Aquel quien nos amó tanto que El nos dio todo – no solamente un símbolo o un recuerdo de Su amor, pero TODO: Lo mejor de Él, todo lo de Él, su único Hijo. Pero aunque el amor comienza regalando, no se completa sin recibir.
            Yo me pasé los primeros veintiséis años de mi vida creyendo que Dios existía, que Jesús era Su Hijo, que Él nació de una virgen Judía llamada María, que Él murió en una cruz cruel por “los pecados del mundo,” y que Él se levantó nuevamente. ¿Era eso suficiente para completar el ciclo del regalo de amor y asegurar mi entrada al cielo cuando yo me muera? No. ¡Absolutamente no! Si me hubiera muerto durante esos primeros veintiséis años de mi vida, no tengo la menor duda de que estaría en el infierno hoy en día. Porque creer en la verdad de Dios no es lo mismo que recibirla.
            Yo no me crié en una familia Cristiana, aunque me imagino que si alguien nos hubiera preguntado acerca de nuestras creencias religiosas, hubiéramos dicho que éramos Cristianos. Después de todo, nacimos en los Estados Unidos de America; mis padres fueron bautizados en su infancia (mi padre como Luterano, mi madre como Católica). Yo también fui bautizada – en la iglesia Luterana cuando era una bebé, y en la iglesia Católica cuando tenía dieciséis años y tomé una decisión conciente de convertirme en Católica. Pero nada de eso aseguró mi entrada al cielo, porque el regalo de amor que Dios me había dado permanecía envuelto, esperando…
            No fue sino hasta el 5 de Julio de 1974, cuando estaba hincada en oración a la orilla de mi cama, finalmente quebrantada por mí pecado de egoísmo en mi vida, que Dios me mostró algo asombroso: un cuadro de “amor en acción.” En mi mente yo me “vi” entre un grupo de gente en una carretera polvorienta. Algunas de las personas a mi alrededor estaban llorando, otras se burlaban, otras gritaban con ira… o angustia. Pero todas miraban para la misma dirección – a algo, o Alguien que se acercaba.
            Yo también miré, y lo que vi me quitó la respiración. Era Jesús, golpeado, magullado y ensangrentado, cargando su cruz y tropezándose hacia mí. Entre mas se acercaba Él, más lloraba yo, ya que podía ver el sudor y las lagrimas y la sangre derramarse sobre Su rostro. 
            Entonces quedó ante mí y se paró. Levantó Su cabeza y me miró directamente sobre todos los que pasaban en el grupo. En Sus ojos pude ver amor - inimaginable, incondicional, amor sin limites – y entonces pronunció cuatro palabras que cambiaron mi vida para siempre: “Lo hice para ti.” 
            ¡Para mí! Él no había muerto simplemente para “los pecados del mundo,” como lo había creído siempre, pero ¡por ! Él había sido golpeado y ensangrentado, había caminado sobre la Vía Dolorosa, había estado colgado entre la tierra y el cielo - ¡por !  Oh, el amor de vida-cambiante que había sido dado y recibido mientras Jesús me había dicho esas cuatro palabras: “Lo hice por ti.” 
             “Porque de tal manera amó Dios al mundo… que ha dado…” El regalo de amor que nos da Dios es tan grande que perdona y transforma a todos los que lo reciben. Nos da la seguridad de entrar al cielo y una existencia para siempre en la presencia de Aquel quien amó y dio todo. Y es ofrecido libremente y con plenitud… a ti y a mí.
            Si tu nunca has recibido ese regalo de amor – si el regalo más grande que jamás se ha dado, todavía permanece esperando y envuelto, con tu nombre en él – no permitas que otro día pase sin recibir el verdadero regalo de amor, el regalo que va a durar mucho tiempo después de que los chocolates se hayan comido y las flores se hayan marchitado. Es un regalo para siempre, y en él vas a descubrir el más grande amor – el único amor que jamás podremos conocer o vivir. 
 


 
Google

User Profile
Kathi Macias
Female
California

 
Archives
 
Visitors

You have 195948 hits.