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Posted By Kathi Macias
En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
(San Juan 1: 4-5 RV)
 
            La Biblia habla de la luz, incluyendo que el Diablo se enmascara como un ángel de luz (ve Corintios 11:14) en un atento de engañarnos y destruirnos. Las Escrituras también nos dicen que cuando nosotros volvemos a renacer, Dios nos libera del poder de la oscuridad y nos traslada al Reino de Su Hijo (Colosenses 1:13). Ya que es del reino de Satanás de donde nosotros somos liberados cuando volvemos a renacer, entonces es obvio que el Diablo vive en la oscuridad, así mismo como sus seguidores. Dios, sin embargo, es el Surco de la luz, porque “Dios es luz, y no hay tinieblas en Él” (1 San Juan 1:5). Como creyentes hemos sido llamados a vivir y caminar en la luz, permitiéndole que resplandezca a donde sea que nosotros vayamos. 
            Me he recordado de la canción para niños que dice que permitamos que la luz resplandezca en nosotros y no la escondamos debajo de algo. Pero ¿sabemos nosotros como hacer eso?  ¿Sabemos claramente que aparte del Espíritu de Dios viviendo en nosotros, no tenemos ninguna luz para reflejarle a nadie?  
            Parte de lo que dice 1 San Juan 1:5 es que la luz de Dios es más poderosa que la oscuridad, y no hay nada que la oscuridad pueda hacer para apagarla. Si nosotros atentáramos a alumbrar una luz por nuestro propio poder y bondad, el Diablo la iba a aniquilar antes que pudiéramos encender la llama. Pero cuando la luz resplandece en nosotros por medio de la luz y la vida del propio Dios, el Diablo no tiene ningún poder para detenerla. 
            Es por eso que es muy vital que sigamos “conectados” a nuestro Surco, que diariamente y regularmente le dediquemos tiempo al Padre, permitiendo que Su luz en nosotros alumbre más brillante, aún cuando nosotros nos empalicemos ante su resplandor.   Cualquier otra luz imaginable aparte del verdadero Dios es una falsedad, y no debemos de confiar en ella. Entre más tiempo pasemos en la presencia de la verdadera luz, lo más que será reflejada por medio de nosotros, por muy oscura que nuestra situación o circunstancias sean. 
            Hemos sido llamados para que nuestra luz brille en la oscuridad, y que la oscuridad no apague esa luz – siempre y cuando sea la verdadera luz que se origina y resplandece por medio del poder del Espíritu de Dios. Que la Luz brille en nosotros hoy, mientras nosotros seguimos nuestro camino hacia la casa, iluminando para que otros sigan…           
 
Posted By Kathi Macias
In Him was life, and the life was the light of men.
And the light shines in the darkness, and the darkness did not comprehend it
(John 1:4-5).
 
            The Bible talks a lot about light, including the fact that the devil masquerades as an angel of light (see 2 Cor. 11:14) in an attempt to deceive and destroy us. The Scriptures also tell us that when we are born again, God delivers us from the power of darkness into the Kingdom of His Son (Col. 1:13). Since it is the devil’s kingdom from which we are delivered when we are born again, then it is obvious that the devil abides in darkness, as do his followers. God, however, is the Source of all light, because “God is light and in Him is no darkness at all” (1 John 1:5). As believers, we are called to live and walk in that light, allowing it to shine through us everywhere we go.
            I’m reminded of the children’s song about letting our light shine and not hiding it under a bushel. But do we understand how to do that? Are we clear on the fact that apart from God’s Spirit living within us, we have no light to shine on anyone?
            Part of the meaning of John 1:5 is that God’s light is greater than the darkness, and there is nothing the darkness can do to snuff it out. If we attempted to shine a light based on our own power or goodness, the devil would annihilate it before it could generate a flicker. But when the light shining through us is the light and life of God Himself, the devil is powerless to stop it.
            That’s why it’s so vital to stay “plugged in” to our Source, to daily and regularly spend time with the Father, allowing His light within us to grow brighter, even as we fade away in its glow. Any imagined light apart from the one true God is a counterfeit, and we dare not trust it. The more time we spend in the presence of the true light, the more it will be reflected in and through us, regardless of how dark our situation or circumstance may be.
            We are called to let our light shine in the darkness, and we are promised that the darkness will not extinguish that light—so long as it is the true light that originates and blazes forth in the power of God’s Spirit. May that Light shine brightly in us today, as we continue our journey homeward, lighting the way for others to follow….
 
Posted By Kathi Macias
¡Miserable de mí! ¿Quien me librará de éste cuerpo de muerte? 
Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. (Romanos 7:24-25 RV)
 
            Tengo una confesión que hacer: Soy una hipócrita.  Aún más soy una mujer falsa, una impostora, una falsificación - y no hay nada que pueda hacer sobre ello. 
            Para aquellos de ustedes que no saben, estoy por publicar un libro que se titula MAS ALLA DE MI: VIVIENDO UNA VIDA DE PRIMERO-TU, EN UN MUNDO DE PRIMERO-YO. Con todo mi corazón, yo creo en el tópico/enfoque del libro – una vida de primero-tú, primero-yo, centrada en total y completa dependencia y confianza en la vida de Cristo dentro de nosotros – y con todo mi corazón yo trato de vivir esa clase de vida. El problema es que no puedo. La verdad es que yo fracaso miserablemente cada vez que trato – y también tú.
            La mayor parte de nosotros, particularmente aquellos que conocen y aman a Jesús – desean vivir esa vida que no es egoísta, pero entre más tratamos, más fallamos y nos arrepentimos y fallamos nuevamente. ¿Por qué es eso?
             Es porque no nos estamos arrepintiendo desde la raíz del pecado, ese centro-egoísta, orgullo-egoísta que solamente es para servirnos a nosotros mismos. El apóstol Pablo lo entendió muy bien cuando dijo, “¡Miserable de mí! ¿Quien me librará de éste cuerpo de muerte?” Gracias a Dios por la siguiente línea, que declara, Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” Pablo comprendió muy bien su completa inhabilidad de ser el hombre de Dios que él deseaba ser, pero también reconocía que Jesús había llenado la justicia y la piedad que Dios requiere de nosotros, y que nuestro amado Salvador extiende Su justicia y Su piedad a todos nosotros – si nosotros aceptamos. Y eso significa más que aceptarlo en orden de poder “comprar” nuestro seguro contra incendios para poder escapar del infierno cuando nos muramos. Significa depender en Su justicia y Su piedad por cada respiro que tomamos mientras estamos en ésta tierra.    
            Cuando nosotros fallamos, mi primera reacción es pedirle a Dios que me perdone específicamente por el acto del pecado que acabo de cometer, si es algo ostensible o apenas sensible a alguien más. Eso está bien, pero mientras yo trato de enfocarme en tratar de vencer ese acto en particular, nunca lo podré lograr. El tener buenas intensiones nunca es suficiente. Lo que siempre debemos de hacer es, cada vez que no podemos lograr el estándar que Dios requiere de nosotros, es pedirle que nos perdone por no amarlo lo suficiente. Esa es la verdadera raíz de cada pecado ¿verdad? Solamente un amor profundo y obediente por Él y dependiendo de Su amor es que nosotros podemos ser lo suficientemente fuertes; que me detiene a mí de desobedecerlo y de irme por mi lado. Y eso, por supuesto, es el corazón de “más allá de mí,” sin egoísmo, tú-primero forma de vivir que deben de caracterizar la vida y el testimonio de cada quien que nombra el precioso nombre de Jesucristo como nuestro Salvador. 
 
            Que así sea en las vidas de cada uno de nosotros, mis queridos hermanos, mientras buscamos amarlo más…
 
Posted By Kathi Macias
O wretched man [woman] that I am! Who will deliver me from this body of death?
I thank God through Jesus Christ our Lord! (Rom. 7:24-25).
 
I have a confession to make: I’m a hypocrite. Furthermore, I’m a phony, a sham, a fake—and there’s nothing I can do about it.
            For those of you who don’t know, I have a book about to be released titled BEYOND ME: LIVING A YOU-FIRST LIFE IN A ME-FIRST WORLD. With all my heart, I believe in the topic/focus of the book—selfless, you-first living, centered in total and complete dependence and reliance on the life of Christ within us—and with all my heart I try to live that sort of life. The problem is that I can’t. In truth, I fail miserably at every turn—and so do you.
            Most of us—particularly those who know and love Jesus—desire to live that sort of selfless life, but the harder we try to do so, the more time we spend failing and repenting and failing again. Why is that?
            It’s because we’re not repenting of the root sin, that self-centered, self-serving pride that drives us all. The Apostle Paul understood it only too well when he cried out, “O wretched man that I am! Who will deliver me from this body of death?” Thank God for the next line, which declares, “I thank God through Jesus Christ our Lord!” Paul recognized his complete inability to be the godly man he so desired to be, but he also recognized that Jesus had fulfilled the righteousness and godliness that God requires of us, and that our beloved Savior extends His righteousness and godliness to us all—if we will but accept it. And that means more than accepting it in order to “purchase” our fire insurance to escape hell when we die. It means depending on His righteousness and godliness for each breath we take while still on this earth.
            When I fail, my first reaction is to ask God to forgive the specific act of sin I’ve committed, whether it’s something blatant or scarcely noticeable to anyone else. That’s fine, but so long as I focus on trying to overcome that particular act, I’ll never make it. Good intentions simply aren’t enough. What we need to do on an ongoing basis, each time we fall short of the standard God requires of us, is to ask Him to forgive us for not loving Him enough. That truly is at the root of every other sin, isn’t it? It is only a deep and abiding love for Him that will be strong enough to keep me from disobeying Him and going my own way. And that, of course, is the heart of the “beyond me,” selfless, you-first living that should characterize the life and testimony of everyone who names the precious Name of Jesus Christ as Savior.
            May it be so in each of our lives today, beloved, as we seek to love Him more….
 
 
Posted By Kathi Macias
Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
(Timoteo 4:6-8 RV).
 
 
            ¿Has echado de ver que aún como Cristianos nosotros muchas veces consideramos a aquellos que hablan de la muerte como gente que tiene una preocupación morbosa para escapar de éste mundo? Y así es, particularmente si la gente obsesionada con la muerte no sabe a donde irá el momento que cruzan la línea a la eternidad. Sin embargo para los creyentes, los pensamientos para dejar éste mundo no deben de ser morbosos, más bien deben de ser los más alegres que nos podamos imaginar. Si nosotros sabemos sin lugar a dudas que vamos a estar ante la presencia del Señor al instante que tomemos el último respiro, ¿No debemos de esperar esa transición con gran alegría y entusiasmo?
            El apóstol Pablo lo hizo, aún cuando su existencia terrenal llegaba a un final.    Que testimonio a la obra de Dios en la vida de Pablo que el anciano seguidor de Cristo podía proclamar que él había “peleado una buen batalla… guardado la fe.” ¿No debe de ser esa una proclamación con confidencia que cada creyente hace cuando nuestra “graduación al cielo” se nos acerca? 
            Habiendo celebrado hace poco mis cumpleaños de sesenta años, estoy más conciente que nunca de mi temporal y tenue existencia en éste planeta. ¿Me trae eso miedo o tristeza? Para nada. Como Pablo, yo sé que, “me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día.” Ah, como deberíamos pensar con mucha ilusión ese día de Su aparición, cuando lo vamos a ver cara a cara – y, como la Biblia lo promete, ¡vamos a ser como Él! ¿Cómo no podemos nosotros anhelar tal acontecimiento?
En realidad, nosotros no queremos dejar ésta tierra hasta que hayamos terminado nuestras asignaciones y haber llenado con plenitud los propósitos a los cuales Dios nos ha llamado. Pero una vez que hayamos hecho eso, ¿por qué querríamos perder más el tiempo? Las veces cuando mi esposo y yo hemos planeado vacaciones – especialmente hacia nuestra destinación favorita, Hawai – nosotros contamos los días hasta nuestra partida, anticipando con entusiasmo el tiempo glorioso que vamos a disfrutar en esa isla paraíso. ¿Por qué, entonces, nosotros decimos que creemos que el cielo, el cual es muchísimo más bello y espectacular que Hawai o cualquier otro lugar en la tierra, es real y glorioso y es el lugar en donde pasaremos toda la eternidad si no queremos ir  verdaderamente a ese lugar? ¿No debemos de estar contando los días hasta nuestra partida? 
            Por supuesto que los que no creen no tienen ningún deseo de dejar éste mundo porque no tienen ninguna seguridad de a donde van a ir después. Solamente nosotros que hemos vuelto a renacer podemos saber absolutamente con certeza que vamos a estar en la presencia de nuestro amado Salvador por toda una eternidad. Para aquellos que tienen esa certeza pero no sienten el gozo de esperar con anticipación nuestra partida de ésta tierra, talvez es tiempo de re-enfocarnos en la realidad que se nos aproxima.
            Kuwa Bashir, un pastor para jóvenes Cristiano y del Sudan quien se paró ante sus guardias Musulmanes mientras derramaban acido sobre sus manos, lo dijo de la mejor manera: “Si muero, seré muy feliz porque me iré como ejemplo para que otros Cristianos sigan mi estela” (La Voz de los Mártires, p. 140). Kuwa Bashir tenía la confidencia que, así como Pablo, él había “peleado la buena batalla… terminado la carrera… guardado la fe.” Él sabía para donde iba – y sabía lo que él dejaba atrás. 
            Debemos de hacer lo mismo y guardar la fe para que también podamos anticipar nuestra “graduación al cielo” con mucha alegría y entusiasmo, sabiendo lo que dejamos atrás, “un ejemplo para que otros Cristianos sigan,” aún cuando nos paramos ante la presencia de nuestro amado Señor y Salvador, Jesucristo. 
 


 
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