Archives
You are currently viewing archive for June 2008
|
June 26, 2008 01:36:55
Posted By Kathi Macias
|
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
Pero por cuanto eres tibio, y no frío o caliente, te vomitaré de mi boca.”
(Apocalipsis 3:15-16 RV).
Una de las cosas que más amo de la Biblia es que no desperdicia las palabras. Tú no tienes que preguntarte que es lo que Jesús trató de decir cuando Él dijo que cuando somos tibios en nuestra fe hace que Él nos quiera “escupir” (vomitar) de Su boca. En esencia lo que Él está diciendo una fe diluida lo hace a Él querer vomitar.
¿Suena como un sacrilegio? No lo es. Es lo que Jesús dijo. Es parte de Su llamado a un discipulado radical. Jesús no nos ha llamado a una fe tibia que solamente presta un servicio-de-labios a Su Palabra y que talvez aparta casi todos o todos los domingos por la mañana para ir a la iglesia y compartir con otros Cristianos y leer la Biblia y orar ocasionalmente. Él nos ha llamado a una fe-vendida, un nivel de devoción y dedicación que radicalmente nos da todo - familia, posesiones, carrera, ministerio, relaciones, riqueza, y aún nuestras propias vidas – para obedecerlo a Él. Un discípulo radical no contiene nada y sigue en todo. Esa es la clase de vida que recibe un elogio de “bien hecho, buen y fiel siervo” cuando damos un paso a la eternidad.
Y va contra todo lo que nosotros sentimos y deseamos. También va casi contra todo lo que personas prácticas nos han enseñado. Mi papá, a quien amé muchísimo y quien ahora está con el Señor, pasó toda menos la ultima semana de su vida negando la existencia de Dios. Él era un hombre “común,” quien nos enseñó a no irnos más de la cuenta en nada. En cuanto se refiere a cosas no-esenciales, como comer chocolate, o pasar el tiempo afuera en el sol, eso probablemente era un buen consejo. Pero en lo que se refiere a servir a Dios, no es muy bueno. Dios no desea que nosotros seamos Cristianos “comunes” con temor a dar un paso radical u ocasionalmente derrumbar algunos cuantos socialmente, políticamente, y hasta religiosamente. Jesús nos llama a una fe de “todo o nada,” una fe que niega el yo y lo sigue a Él, sin importar el precio.
Nuestro problema es que hemos tratado de transformar al León de Judá en un gato, cuando en realidad el León de Judá no se puede domar – ni debiéramos desear domarlo a Él. El Mesías primero vino como el Cordero de Dios quien quita todos los pecados del mundo, pero cuando Él regrese será para juzgar a aquellos que lo han rechazado a Él como Dios y Salvador.
El llamado al discipulado es radical, mis amigos, así es que no lo tomemos en broma. Yo, por lo menos no deseo que mi fe sea tibia o que haga que Jesús me “escupa” de Su boca. Aunque el discipulado radical es costoso – requiriendo todo lo que está cerca y es querido por nosotros, incluyendo el derecho a tomar las “decisiones” en nuestra vida – es la única cosa que nos asegurará el gozo aquí en la tierra y premio en el cielo cuando nos vayamos de aquí. ¡Que todos encontremos esa fe – y radical – en Su servicio!
|
|
June 26, 2008 01:36:04
Posted By Kathi Macias
|
“I know your works, that you are neither cold nor hot.
I could wish you were cold or hot.
So then, because you are lukewarm, and neither cold nor hot,
I will spew you out of My mouth” (Rev. 3:15-16).
One of the things I love most about the Bible is that it doesn’t mince words. You don’t have to wonder what Jesus meant when He said that our being lukewarm in our faith makes Him want to “spew” (spit or vomit) us out of His mouth. In essence, He is saying that ho-hum faith makes Him want to throw up.
Sound sacrilegious? It’s not. It’s what Jesus said. It’s part of His call to radical discipleship. Jesus hasn’t called us to a lukewarm faith that gives lip-service to His Word and maybe even sets aside most or even all of our Sunday mornings to attend church and mingle with other Christians and read the Bible and pray occasionally. He has called us to a sold-out faith, a level of devotion and dedication that readily gives up everything—family, possessions, career, ministry, relationships, wealth, even our very lives—to obey Him. A radical disciple holds back nothing and follows in everything. That’s the kind of life that receives a “well done, good and faithful servant” commendation when we step into eternity.
And it goes against everything we feel or desire. It also goes against much of what we have been taught from non-radical people. My dad, whom I loved dearly and who is now with the Lord, spent all but the last week of his life denying the existence of God. He was a “middle of the road” kind of guy, who taught us not to go overboard with anything. When it comes to nonessentials, like eating chocolate or spending time outdoors in the sun, it was probably good advice. But when it comes to serving God, it’s not so good. God doesn’t want us to be “middle of the road” Christians, afraid to take a radical stand and occasionally rock a few socially, politically, or even religiously correct boats. Jesus calls us to an “all or nothing” faith, a faith that denies self and follows Him, regardless of the price.
Our problem is that we’ve tried to turn the Lion of Judah into a pussycat, when indeed the Lion of Judah cannot be tamed—nor should we want Him to be. The Messiah came first as the Lamb of God who takes away the sins of the world, but when He returns it will be to judge those who have rejected Him as Lord and Savior.
The call to discipleship is a radical one, folks, so let’s not take it lightly. I, for one, don’t want my faith to be lukewarm and to cause Jesus to “spew” me out of His mouth. Though radical discipleship is costly—requiring everything that is near and dear to us, including the right to “call the shots” in our life—it is the only thing that will assure us of joy here on earth and a heavenly reward when we pass on. May we all be found faithful—and radical—in His service!
|
|
June 19, 2008 03:52:55
Posted By Kathi Macias
|
¿Por qué Me llamas bueno?
Ninguno hay bueno, sino uno: Dios. (San Mateo 19:17 RV).
Dios es bueno… ¡Siempre!
Con que rapidez y frecuencia hacemos esa declaración, pero ¿pensamos nosotros lo que en realidad estamos diciendo?
El propio Jesús, respondiendo cuando se refirieron a que Él era “bueno,” retó a sus seguidores con la pregunta, “¿Por qué Me llamas bueno?” El Salvador hizo ésta pregunta en un atento obvio para causar a los que le escuchaban que reconocieran que Él era Dios tano como Hombre, porque ésta pregunta estuvo seguida con la declaración que solamente Dios es bueno.
Y allí es donde comienza el problema. La mayoría de nosotros- por lo menos aquellos que en realidad son creyentes que han vuelto a nacer – no tienen ninguna dificultad reconociendo que Dios es bueno… todo el tiempo, aun cuando las situaciones y circunstancias de un mundo roto, lleno de pecado no lo sean. ¿Has cometido el error alguna vez diciendo que alguien es una “buena persona”? Esa declaración es buena solamente si esa persona ha vuelto a nacer y tiene el Espíritu de Dios (¡quien es el único bueno!) y mora dentro de nosotros.
El apóstol Pablo confirmó esto cuando él dijo en el libro de Romanos 7:18, “Y yo sé que en mi (esto es, mi carne), no mora el bien.” Pablo entendía que era SOLAMENTE el Espíritu de un buen Dios dentro de él quien lo hizo bueno. Él no podía hacer ni lograr un estado de bondad por medio de sus buenas obras; por lo tanto, sería erróneo referirse a Pablo (o a cualquier otra persona que no sea Dios) como alguien bueno.
Eso no quiere decir que algunas personas no son “agradables.” Por supuesto, lo son, y todos preferimos estar alrededor de personas agradables en vez de las que no –son-muy-agradables. Pero no caigamos en la trampa de pensar que las palabras “agradables” y “buenas” son intercambiables. Los seres humanos pueden escoger ser “agradables” – o no serlo. Pero “bueno” se aplica solamente a Dios, porque solamente Él es bueno… siempre.
Caminemos en esa gran verdad hoy y siempre, confiando que Su Espíritu que mora en nosotros llevará a aquellos que están perdidos en el pecado a la única bondad que existe en un mundo lleno de maldad.
|
|
June 19, 2008 03:52:16
Posted By Kathi Macias
|
“Why do you call Me good?
No one is good but One, that is, God” (Matt. 19:17).
God is good…all the time!
How quickly and often we make that declaration, but do we really think about what we’re saying?
Jesus Himself, in response to being referred to as “good,” challenged His followers with the question, “Why do you call Me good?” The Savior posed this question in an obvious attempt to cause His listeners to recognize that He was God as well as Man, for His question was followed by the statement that no one but God is good.
And that’s where the problem comes in. Most of us—at least those who are truly born-again believers—have little trouble acknowledging that God is good…all the time, even when situations and circumstances in a broken, sin-filled world are not. But do we really believe that no one other than God is good? Have we ever made the erroneous statement that someone is a “good person”? That statement is true only if that person is born again and has the Spirit of God (who alone is good!) living within.
The apostle Paul confirmed this when he said in Romans 7:18, “For I know that in me (that is, in my flesh) nothing good dwells.” Paul understood that it was ONLY the Spirit of a good God within him that made him good. He could not perform or earn a state of goodness by his deeds; therefore, it would be wrong to refer to Paul (or anyone other than God Himself) as good.
That doesn’t mean that some people aren’t “nice.” Of course, they are, and we all prefer to be around nice people rather than not-so-nice ones. But let’s not fall into the trap of thinking that the words “nice” and “good” are interchangeable. Human beings can choose to be nice—or not. But “good” applies only to God, for He alone is good…all the time.
May we walk in that great truth today and always, trusting that His Spirit within us will draw those lost in sin to the only goodness that exists in an evil world.
|
|
June 13, 2008 07:08:16
Posted By Kathi Macias
|
¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,
El cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Corintios 6:19-20 RV).
El mundo nos borbandea con el mensaje que es nuestra vida y podemos hacer lo que queremos con ella. Dios dice otra cosa. Como Cristianos, proclamamos creer lo que Dios dice. Pero, ¿lo hacemos? Si lo que proclamamos creer no gobierna nuestra vida, dudo que nosotros en realidad lo creamos.
Por ejemplo, si decimos creer en la ley de gravedad, probablemente no vamos a lanzarnos de una montaña para ver si podemos volar. Y sin embargo, proclamamos creer que Dios es nuestro dueño, y que Él nos compró a un gran precio – la sangre de Su propio y amado Hijo – y sin embargo muchas veces pasamos por la vida tomando nuestras propias decisiones y esperando que Dios bendiga esas decisiones.
Así como la ley de gravedad nos gana sobre tratar de volar por medio de nuestro propio poder, así también la ley del pecado y de la muerte nos gana tratando de vivir una vida dedicada a Dios por medio de nuestro propio poder. Tú y yo no tenemos nada dentro de nosotros que es bueno - excepto el Espíritu de Dios si somos creyentes que hemos vuelto a nacer. Es Cristo en nosotros que es nuestra UNICA esperanza de gloria (Ve Colosenses 1:27). Jesús lo dijo muy clara y concisamente: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (San Juan 3:3 RV). Jesús siempre decía lo que Él quiso decir, y quiso decir lo que Él dijo. A menos que hayamos vuelto a nacer y tengamos el Espíritu de Dios morando en nosotros, no tenemos esperanza de gloria, ni esperanza del cielo… ninguna esperanza.
Pero ya una vez que hayamos hecho ese compromiso – nos hayamos arrepentido verdaderamente y reconocido nuestra inhabilidad absoluta para merecer nuestro camino al cielo y por lo tanto tirarnos a la misericordia de Dios, pidiéndole a Jesús que sea nuestro Salvador y que nos mande a Su hijo a vivir entre nosotros – debemos de comenzar a vivir opuestamente a la forma de cómo vive el mundo. Cuando el mundo nos dice que es nuestra vida y nosotros podemos decidir que hacer con ella, nosotros rechazamos esa mentira y declaramos, “Yo le pertenezco a Dios; he sido comprado(a) con la sangre de Cristo. Por lo tanto, caminaré en los pasos que Él me ordena, dedicando mi vida a Su servicio – cualquier cosa que eso sea.” No hay cupo en la vida de un verdadero creyente para reclamar ser dueño de nuestras propias vidas, nuestras posesiones, nuestras relaciones, nuestros talentos, o nuestro tiempo. Nosotros estamos en ésta tierra por una razón: descubrir el propósito por el cual Dios nos creó y nos redimió, y llenar eso a plenitud.
Caminemos en el conocimiento continuo del hecho que no nos pertenecemos a nosotros mismos sino a Alguien mucho más grande - a Aquel quien mandó a Su único Hijo que sin pecado derramó Su sangre por nosotros. Y que ese conocimiento nos cause caminar
circunspectamente, en gracia y humildad, integridad y misericordia. Porque con cada pensamiento, palabra, y hecho, nosotros representamos a UNO quien es nuestro dueño.
|
|
|
|